Por Patricio Guzman
Tomando como referencia una columna anterior, que quien suscribe tituló Lección de liderazgo, es menester mencionar y no dejar pasar por alto el regreso de Agustín Creevy a Los Pumas. Sin dejar de lado la poca claridad de su larga ausencia. Una ausencia grosera e innecesaria en tiempo y formas para tamaño jugador y líder.

Su ausencia fue un despropósito que tuvo en el saliente entrenador Mario Ledesma, poca justificación y casi nada de credibilidad, desde su responsabilidad de trato y respeto. Mucho más cuando, luego de que Pablo Matera fuera removido de la capitanía, Ledesma encontró en Julián Montoya (quién fue suplente de Creevy) al sucesor. Una muestra cabal de que no contaba ni con su liderazgo y mucho menos con su titularidad.

Hablar de Creevy es describir mucho más que al ascendente jugador formado en San Luis que desde Pampas XV, fue moldeando su temperamento de conducción que rompió con todos los parámetros de capitanías que tuvieron Los Pumas. No por ser mejor que nadie, pero si por ser diferente a todos.

El delantero nacido en La Plata, que hoy milita en el London Irish, fue haciendo un doble esfuerzo en su carrera. Lo primero fue moldear su juego al cambio de puesto que tuvo cuando tuvo de pasar de jugar de tercera línea, para volverse hooker; y por otro lado, demostrar que su ascendencia sobre el grupo daría bueno frutos y así lo fue. Creevy fue el capitán del Mudial 2015 donde Los Pumas jugaron a un nivel nunca visto llegando a semifinales.

Sus formas, tienen en la empatía, la aceptación popular y por sobre todo en la ovación, un botón de muestra inobjetable, distintivo y que lo diferencia. Agustín es un jugador requerido dentro (por su entrega y don de mando) y afuera de la cancha, por su acercamiento a la gente.

Basta con ver las imágenes de Creevy en Salta, firmando autógrafos, posando para una foto y escuchando hasta el último pedido cuando un video se le solicita, como para dejar marcado a fuego que es el jugador del pueblo. Hoy, con Michael Cheika y compañía tomando las riendas del equipo nacional, es un desperdicio y al mismo tiempo un error, no contar con tamaño líder que pisa los 100 partidos sudando la camiseta nacional.

Que Pablo Matera y Julián Montoya, dos jugadores de élite y de puntos altos destacados, tomen el liderazgo de Agustín, no quiere decir que Creevy no sea un capitán sin cinta.

No sería un error devolverle tamaño honor.

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